A veces, la noche se disfraza de silencios indemnes a los tiempos y maneras, se pega por momentos al costado y te redime de los sentimientos; dejando la mirada blanca y limpia. Te cubres con el halo de la risa y sales a lucir toda tu mueca.
La élite de nuevo se engalana y admite tu sonrisa por respuesta; delimitando el juego de la vida. Sales a caballo desbocado, cabalgas las llanuras y las mieles, ronronea tu gato a cuatro vientos; el cielo engalana tu casa. Se relame la luz de tus pupilas, se agranda el corazón te regocija!, el alma se derrama de ilusiones bramando a la llamada de la dicha. Se rompe por una vez el desconsuelo, te sientes al alza en la rutina desmedida.

A veces, merece salir al envite de las flores, rendirle culto a la mañana clara, correr la arena del mar en reposo, sentir al alba y al ocaso; la algarabía de la vida, atisbando que tal vez por un momento; también sea tuya la razón para la risa. Tal vez, mecido en el merecimiento, los ojos se te llenen de ternura y sepas ver en el aliento; la sensibilidad en una noche a oscuras.

A veces, el río suena a melodía, se erige de patrones y medidas; armonizando rimas y estandartes. Las corcheas revuelan los sentidos y el la mayor te envuelve y acicala, para llevarte cerca de las olas de aquellos mares que acunan la mirada.

A veces…

A veces, el día sale oscuro, las musas se disfrazan de amargura, la mañana se cubre de neblina, y la noche se derrama en el silencio. Las manos se te quedan frías y el alma se derrite en el lamento, colores y sonrisas se separan, la negra dama muestra su guadaña, te retuerces de dolor; el alma herida se rompe en mil pedazos sin consuelo.

A veces, requiebra el frío invierno; a veces se te cruza el gato negro, la escalera se une al paso de tu suerte en el camino, los espejos reflejan tu mirada, el miedo que desciende a borbotones te arranca de las buenas intenciones; te empotra al desaliento y la apatía. Aquellas manos que gimen caricias, se vuelcan en herrumbres oxidadas, hasta hundirte en tu gris melancolía; la armadura gris que te acompaña. Una vez dentro, se olvidan los carmines y caricias, el helado batir del pensamiento retintineando de requiebros de recuerdos;  te ha de arrancar el alma sin remedio.

Obscuro, sin latires, ni emociones; el corazón se viste de abandono. Perdido, desorientado, con la mirada lejana, sin canciones, sin sonrisas, ni mierda! que te levante el aliento; la vida se queda en un rincón, se queda helada. Las notas de tu guitarra, la armonía de tu vida, se aletargan. Los ojos se entristecen, otra vez la misma noche que otrora se vistiera de sirena, te muestra su verdadera cara; la sinrazón y el alma hueca.

 

Fotos de la red.

A %d blogueros les gusta esto: