La noche, inquieta noche de lúgubres sensaciones, de miedos que asolan las almas. La noche, ese momento en que las hadas nos deleitan con sus libidinosas canciones, cuando los sueños asolan; la noche. Las almas desmedidas de sensaciones rotas se encabalgan a la poca muerte, recorren las estepas de los cuatro jinetes y se despliegan a romperse de silencios. El grito; el grito helado de sus almas rotas, se extiende al ir y venir de cuatro vientos; se respaldan de mil desilusiones que vienen a tildar en su lamento.

La noche; ya tantas en el desamparo, la sorpresa cruel de la noticia, otro poeta más en la picota, que arrastra la noche al desaliento. Nada puede evitar tales siniestros cúmulos de falta de cariño, que caen y caen en el pozo negro del olvido, rompiéndose en pedazos, al vacío. La sinrazón estricta de la duda, el falso amor y la mentira de aquellos que otrora mostraron empatía y oscuros se perdieron en el tiempo.

Mi corazón se rompe en mil pedazos, me quedo yermo e impotente, aquel que yo trataba como un hijo, quedaba helado de su prisa; tendido, vacío y lleno de ansia helada, perdido en latifundios escondidos, volando por tinieblas engastadas de anillos de boda con la muerte.

Amigo, te vas hacia tierras de Morfeo, nos dejas esta cruel melancolía, ante la desidia compañera, que rompe sensaciones y maneras. Irrumpe en mi latir el desengaño; la vida que te lleva compañero, me deja en un rincón desconsolado. Tu juventud se esconde en mi chistera y cual paloma blanca de ilusiones, se pierde en el recuerdo de tu risa. Amigo, amigo! Qué extraña sensación me da tu pena, que conociendo todo el desaliento, no acierto a comprenderte en las maneras.

La noche, ese momento en que engalanas los poderes más ciertos del sentido, ese momento en que todo descansa, mientras tu corazón latía despedida. Maldita sea la suerte que acompañas!, maldita la mañana compañero!, que ha de descubrirte de silencio, vestido para siempre de amargura.

Que cese este dolor que me quebranta, que quede blanco todo el sentimiento, que llegues a tu luz, cese el lamento, estimado amigo; compañero.

 

Cada mañana

al alba, se muestra el alma blanca

resbala la textura al desaliento

la muerte se antepone a la tristeza.

Ojos de mirada desmedida

silencios que te abaten lentamente.

Reálzate al envite compañero!

Acaso, no te quedan ilusiones

No busques las espinas de las rosas

Déjate convencer

estás en ello!

             Zafiro de ilusiones rotas.

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