Alma herida; lágrima perdida de sueños olvidados, enseña mística de otrora; de tiempos en que el gris te mancillaba con rotundidad en las rodillas; porras y agua a presión en los envites a corazón abierto. Aires de libertad en la escuelas, paseo de euforia en la Alameda, banderas con el olor altivo de victoria; el ir y venir de las andadas a modo de ritual en los conciertos; Guillermina, De la Serra, Bonet, Llach, en honor a la Nova Cançó; el “nen del Poble Sec”, cantant seus himnes.

downloadEn la calle, delante de aquellos que te herían; la Gallineta reverberaba de intenciones. ¡Otros tiempos!, tan lejanos como ciertos, aquellos en que hablar era pecado; ¡no lo recordáis! “la Moral” en playas y parques, censurando el idioma de los besos. Los versos escondidos, el arte en sus manos, un mundo en la inopia más absurda. No, no lo recordáis; todos los que habláis con ese tinte de amargura, pertenecéis a la ola más cercana.

Sabéis; la boca se cerraba bajo rejas o el exilio y hace solo cuatro días,  únicamente cuatro, os lo aseguro; reventábamos las calles “sin ira, sin ira, libertad”. La hermandad de pueblos olvidados de una incipiente Europa, arrinconados detrás del parapeto pirenaico, que allá por el 78 cincelaron el acuerdo alicaído que hoy se nombra; reventaron sus odios y maneras, para sentarse en un rictus de respeto. ¿Qué sucede? ¿Qué ha pasado? ¿Alguien olvidó cerrar al gato? Los ánimos de nuevo ¡al rojo vivo!, se enfrentan en las calles deslucidas, ¿qué acontece? ¿Acaso serán cuarenta años perdidos?

El ritual de la colmena se repite, desluciendo los más límpidos valores; el ser indefenso se masacra en pro de la próspera colmena. Defendemos a los mismos que insultamos, ¡son lo mismo! Unos y otros en su soberbia desmedida nos inducen a la afrenta; acaso ¿no eran ellos?; los mismos que cogidos de la mano expoliaron los haberes de la España, expatriaron a la gente de su casa, y dejaron bancarrota en sus yermos corazones.

Ahora, intereses remarcados de crear la gran Andorra y esconder tras ella sus pecados, se encaraman a tirarle de las barbas al que nada representa. ¡Son lo mismo!, la misma esencia tétrica del miedo; sus planes escondidos enfrentan hermano contra hermano en las calles. Una lágrima; ¡sí!, una, y mil más si hiciera falta para entrarte de la noche compañero, para sacarte del censo que lobos disfrazados de corderos nos disponen. Que apatía me produce el desaliento, el indiscriminado uso de la gente, ¿Qué somos? ¿Acaso la carnaza de otros lobos que se esconden en trincheras invisibles?; ¿la proclama, en pro de nuestra muerte? ¡Hermano no te vayas! gritaremos de nuevo por las calles, hasta recuperar un halo de cordura.

No es la afrenta, el desengaño, la ruptura… ¡Que no es eso! La verdad está mucho más currada, se esconde entre sus sucias almas de madera; la zozobra, el desamparo, la afrenta callejera les da alas; les autoriza a lanzar su gas mostaza. No, no sigáis sus derroteros; ¡hermanos!, salgamos a la calle pero unidos. No merecen el mal que están causando, los unos y los otros; la misma pasta de rateros.

Foto de la red.

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