Un canto de amargura; la sombra del lamento que arremete contra el fuego del silencio, sensaciones abatidas por el miedo; rincones de consciencia desmedida. Evoco de postreras ilusiones que se apagan, el fulgor de una noche te asesina cuando, el frío; te llena de quebrantos y vacíos. Amarga la noche sin su día, amarga la canción desesperada, amargan los besos que se mueren, amarga y se desluce en su apatía.

Canto sí, un canto más entre el sonrojo de la niña que se duerme entre tus ojos, quebranto; sueño eterno; las mieles de la cruel melancolía. Siniestra sensación que me persigue, que rinde cuentas a mi cruel destino, que paga el devenir de los latidos del viento de la noche que me asola; el canto, el canto vil de la amargura.

Es tiempo de romper los lazos, de irrumpir inerte a tu costado, sembrado de mejillas deslucidas; ensanchando el camino de tus manos sacándote la espina que te duele. Estridentes pasos de locura, al filo de la noche que te envuelve, la luna que remoza los sentidos y deja el devenir indemne, a una sensación entre carmines de rojo bermellón entre las sienes.

Un canto de amargura, a la mirada cruel que viste el cielo, de negras sensaciones que enarbolan el fuego de los juegos más hirientes. A pocas vueltas del sí quiero, te pierdes y me asola tu silencio, me quedo entre la tumba de mi alma, en este sendero seco y yermo.

Amargura, la tinta de mi pluma te recuerda, me pierdo entre razones de tu flujo, cual sangre que haya de darme la vida, te aclamo con fervor, evoco al fuego, el alma, la risa desmedida; me dejo el corazón y me dispongo a lanzarme al evoco de la vida.

Reiteran las penumbras en mi acera, se ciernen los miedos del invierno, se rompe en mil pedazos la cordura; divulgando el dolor a cuatro vientos. El flujo de la savia primavera, se esconde ya lejana en los trigales, amargos y estridentes temporales de truenos y rayos desmedidos. Apagase el lamento, acúnese la dicha, se rompa en mil pedazos el triste desconsuelo; engánchate a la vida  rompe el cerco, deslízate de lúgubres cuentos de apatía, que te cedo mi brazo compañero; que te ayudo a reventar ese silencio.

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