Al son de la risa fácil, escondido entre los brillos de cristales resplandecientes, he descubierto una sirena.
       Despacito, lentamente caminando a sus latidos, me dispuse a reencontrarme con los míos y, sin apenas darme cuenta, en unas horas, se enhebraron las estrellas para tejer unas nubes de colores.
       El enervo se incrementó entre palabras sencillas y el brillo de mis ojos, por un momento, vislumbraba a los duendes de los cuentos. Quizá ha sido solo un sueño, uno de esos que otrora engalanaban mis serenas noches y, que ahora, esporádicos me encabalgan a la vida; esta mañana cuando me levanté, me pareció levitar por un momento.
Es tan difícil; pero jamás dejaré en el tintero, que la posibilidad se transforme en una charca de besos.
        Me es tan fácil escribir en tono de tormenta, desquebrajar el alma y desgajar las lunas que me envuelven y, sin embargo, !qué difícil cuando la noche me sonríe!.
Pero no por ello voy a dejar sin escribir la sensación que, sin buscar, me regalaron esta noche, los Ánades que se ocupan de mi suerte.

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