A dos pasos de la suerte, entre rostros de despecho, bajaron las cortinas del salón de las andadas y sobraron candilejas. Entre un palo y una faz de calabaza, se alinearon las odas inherentes de silencios, muecas rotas de risas y penas ausentes de alivio descargaron al run, run de las cadenas.

           Los autores de la afrenta disiparon a la niebla, y las Deidades, se cubrieron de quebranto a la luz de los neones ciegos de nostalgia. La luna rota; decrépita ignorada, al  desdén de un equilibrio  de muecas deslucidas por el hambre y luceros en el alba, viene a reflejarse en la nostalgia de la risa a nada que resbalen los duendes de la noche y reine la luz en sus designios. Brumas de soledad aletargada en los silencios, en los tiempos de la lírica, que a las voces exaspera en su latir hueco, sombras exentas de sentido, pobres lágrimas de hastío; muecas de sinrazón descritas.

               Musas en desaire de sirenas, apagados rostros en la escuela, sinónimos de luchas en la historia; apocados caballeros con la armadura oxidada, amargas doncellas tejiendo la última esperanza, para que vuelva su alivio. Rastreras emociones que se encuentran adosadas al silencio, bordillos de escasez en los ribazos, deslices asolados en el alma, de nuevo; sombras de improviso.

              Ayer; ternuras, exuberancia de besos, que hoy se tornan silencios, acaso se deslucen en el juego de la idea, o tal vez, se engalanan disfrazados de conejos de la suerte. Lúcidos extremos del designio a corazón abierto, en el desdén de cicatrices ya curadas me designan: a dedicarte el hueco que se queda en mi silencio.

 

 

 

 

 

 

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