Ecos…

Resonáis en mi mente indefensa

y me aturdís al evoco de esas cosas;

los efluvios de redes que me envuelven.

Dislocáis de mi ego las ideas

y dejáis ese desliz sobre la mesa.

¿Qué culpa tengo yo de ser sincero?

¿Qué caro he de pagar mi atrevimiento?

Ecos…

de los Dioses, el castigo más certero;

cual flecha del mal

me estilizáis por mis deseos

y acrecentáis

esas ganas de lo mío.

Ecos…

Resonáis en mis momentos de silencio

y apenas si sé ya;

si sois vosotros,

o soy yo que prevalezco

con ahínco a mis recuerdos.

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