La escarcha se encoge,

la niebla me ciega

camino entre bojes,

romeros y piedras.

Los sarmientos se enlazan entre mis piernas…

las pámpanas gritan,

¡se hunde la tierra!

De entre su seno el hielo se raja

mostrando el veneno,

la savia ya escasa.

Me culpan de todo,

yo soy como ellos

que arrancan las cepas para sembrar hierros.

La tierra se queja…

tiemblan los limos,

encinas, almendros, nogueras, caminos…

Las cepas que quedan ya secas y tristes

levantan sus armas,

 ¡condenadas vides!

A lo lejos,

las uñas de monstruos de lata

las van arrancando

sacando las matas.

Un gran funeral de vides y olivos

que se vuelven humo.

Vid…

¡las llamas pueden contigo!

Se van elevando,

gritando venganza…

mientras el cemento, se viste y se calza.

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